El paso futurista de Singapur

Hace algunas semanas me encontré con un proyecto arquitectónico que me dejó realmente asombrado, algo que parecería que se quedaría en la maqueta o en los planos. Pero no, hace tres años la firma de arquitectos OMA hizo realidad el The Interlace

Esta maravilla de la arquitectura moderna está ubicada en Singapur y se trata de una unidad habitacional de lujo que se ubica en las cordilleras del país asiático y es una de esas maravillas que merecen ser contempladas por un largo rato. 




Se trata 31 bloques que tienen cada uno un promedio de seis pisos, estos bloques albergan departamentos de distintos tamaños y características. Hay algunos que son de tipo loft y otros que son más tradicionales. Sin embargo la maravilla de estos bloques es que están ordenados de forma irregular, es decir, no están alineados. 

Están uno encima de otro y algunos forman una especie de puente tendido y algunos extremos quedan como volando. Claro que en esta forma de ordenar los bloques hay una armonía pues nada en la arquitectura es casualidad.

Y la belleza a la que hago alusión no es una interpretación mía. El año pasado nombraron el proyecto como el edificio más bonito del año. 

La superficie que ocupa es de 170 mil metros cuadrados y las formas hexagonales que forman los bloques (si se les ve desde arriba) hacen que los habitantes dispongan de ocho patios, áreas verdes y espacios recreativos. De acuerdo con lo que leí, está innovadora obra pretende que quienes ahí vivan tengan la sensación de comunión con sus vecinos y que a la vez conserven su preciada privacidad. 


Por si fuera poco, al estar dentro de una cordillera de unas ocho hectáreas, este edificio tenía que ser vanguardia en lo que a medio ambiente se refiere pues toda la vegetación que le rodea hace un juego de armonía con la obra del hombre. 


Abraham Cababie Daniel.
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Museo Jumex: la importancia de la luz y el espacio

En Polanco, en la Ciudad de México, convergen un par de museos que hoy por hoy son de los más concurridos, quizá, de todo el país. Me refiero al Museo Soumaya y al Museo Jumex. El segundo de estos se distingue por su peculiar fachada, pues entre los edificios de la zona que tienen en su exterior una gran cantidad de vidrio o materiales metálicos, este museo pareciera estar hecho de madera a los ojos. Inclusive se podría asegurar que es en apariencia más frágil por su tamaño. 





Pero nada de eso. El arquitecto David Chipperfield, de origen británico siempre pensó en construir algo con la mayor calidad posible y para ello disponía de materiales bastante resistentes, además de estilísticamente hermosos, como lo es el mármol de Xalapa. Para él, la calidad no es un concepto abstracto que no se puede cuantificar, todo lo contrario. 

Además, tuvo la oportunidad de tomar en cuenta el clima de nuestro país, pues si bien los fríos son intensos, hasta en esos días puede salir el sol. Por ello no perdió la oportunidad de ofrecernos una terraza. 

Por dentro son dos grandes cualidades las que destacan: la luz y el espacio. Las entradas de luz -es decir las ventanas de piso a techo- están diseñadas para que permitan pasar la mayor cantidad posible, pero para que ésta haga resaltar las piezas en exhibición, de modo que la curaduría de las exposiciones se hace a disposición del museo. 

En cuanto al espacio, me gusta pensar que es casi un acto de magia pues cuando entras, aun cuando hay una exposición montada, la amplitud de las salas es impresionante y brindan una sensación de libertad y de movimiento que en pocos museos hay. 

Este es un edificio sumamente joven, pues hace apenas tres años que está en pie. Pero ha sido construido para que sucedan cosas importantes dentro de él pues no solo fue concebido para ser el hogar de obras de arte sino también para entablar un diálogo en torno a ellas y ser un espacio para la difusión de ideas. 


Abraham Cababie Daniel.
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Habitat 67: inspiración y legado

Hace unos días hablábamos de la gran obra que había ganado la distinción de ser el edificio más bello del mundo en su edición 2015. Bueno, pues echando un vistazo en Internet, me encontré con que este no era un concepto del todo nuevo. Si bien no existe plagio ni mucho menos, en Canadá en 1967 ya se había sentado un precedente. 

La mente detrás de este proyecto fue la del arquitecto israelí-canadiense  Moshe Safdie, quien ideó este edificio en un principio como su tesis doctoral, sin embargo no consiguió el grado académico. Pero meses más tarde el proyecto solito convenció a los involucrados en la Expo 67 de que tenía que ser materializado.





A diferencia del Interlace de Singapur, Habitat 67 no está constituido por bloques tan determinados. Aquí, la unión de dos o más bloques conforma una casa y no un departamento. Aunque el proyecto original tenía más 158 departamentos, pero por la misma constitución de los bloques de hormigón pueden ser unidos y agrandar una casa, lo que ha sucedido en más de una ocasión. Hoy hay 146 viviendas de tamaños diversos. 

De hecho el concepto original era mucho más ambicioso, pues contemplaba la construcción de una serie de establecimientos comerciales y áreas recreativas, pero como esta era su obra prima y la falta de experiencia era grande, no se lo permitieron. A pesar de eso, no se nota que le hagan falta esos pisos extra.

Si se le ve de lejos, en el horizonte, parecería que estamos admirando una serie de departamentos desordenados, pero como ya mencionamos en alguna ocasión, nada en la arquitectura es casualidad pues el diseño permite el paso del aire y de la luz natural. 

Sin embargo Safdie había trabajado este edificio como una forma de vida urbana y económica para las personas, pero ha sido tal el éxito de la construcción que con el paso del tiempo se han encarecido los departamentos. 

En Montreal, Habitat 67 es un ícono arquitectónico y llegó a ser también la locación del video In My Secret Life del recientemente fallecido Leonard Cohen.


Abraham Cababie Daniel.
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El segundo aire del teatro Grand Splendid

Los edificios que toman una nueva vida luego de cumplir su propósito me parecen fascinantes.
Pueden ser lo que sea. Hay algunos, por supuesto, de los cuales se puede prescindir, echarlos abajo y crear algo nuevo; pero otros logran sobreponerse al tiempo y se adaptan. Ese es el caso de El Ateneo Grand Splendid.




Este  imponente  edificio  ubicado  en  Buenos  Aires,  Argentina,  hoy  es  una  biblioteca,  pero  a principio de siglo XX -en 1917- fue  concebido  como teatro. El precursor de su construcción fue
Mordechai David Glücksman, a quien todos se referían simplemente como Max. Lo interesante es que no se empezó este proyecto desde cero, Grand Splendid fue erigido sobre los restos del
Teatro Nacional Norte.

A pesar de que había una base para la obra, les tomo un par de años tenerlo listo, de tal manera que se  inauguró  en  mayo  de  1919.  La  asignación  para  el  diseño  de  la  nueva fachada  fue a  los arquitectos  Peró  y  Torres  Armengol,  pero  quienes  lo  hicieron  realidad  fueron Pizoney  y Falcope.

Para  cuando  lo  terminaron,  el  teatro  tenía  una  capacidad  para  unas  quinientas personas  y pusieron  cuatro  palcos  en  fila,  para  la  comodidad  de  los  espectadores.  Pero no sólo los
visitantes  se  sintieron  como  en  casa,  una  gran  cantidad  de  artistas hicieron lo propio.  Por ejemplo, Carlos Gardel grabó aquí; e inclusive me contaron que Max le enseñó cómo dar potencia a su voz.

Uno de los puntos más bellos de teatro es su cúpula. En ella, el pintor Nazareno Orlandi plasmó una obra sumamente delicada dedicada a la paz, pues fue realizada cuando la Primera Guerra
Mundial estaba llegando a su fin. 

En esta escena, la paz está representada por una hermosa mujer y a su alrededor varias personas fungen  como  embajadores  de  las  partes  involucradas  en  el  conflicto.
Aquí también converge la tecnología, como alegoría de la asimilación de los nuevos avances.

En el año 2000, Grupo Ilhsa firmó un contrato para hacerse cargo a lo largo de una década del lugar. Así que invirtió tres millones de pesos argentinos y remodeló el espacio conservando la
esencia del  mismo.  Así  que  establecieron  ahí  una  sucursal  de  la  librería  El Ateneo  e  hicieron que se integraran los estantes y aparadores al teatro.

Inclusive  conservaron  algunos  sillones  para  que  la  gente  pueda  leer  ahí.  De esta  manera,  El Ateneo Gran Splendid está destinado a seguir albergando historias.


Abraham Cababie Daniel.
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Museo Nacional de Antropología, el gran museo por excelencia

Me gustan muchos los museos de nuestro país porque inclusive antes de entrar, se puede notar que sus edificios son obras de arte en sí mismas. Convergen con el paisaje y hace tanto tiempo que están ahí  que sorprende el hecho de que no han envejecido ni un día. El claro ejemplo de esto es el Museo Nacional de Antropología que desde la fachada luce imponente por la responsabilidad que tiene de contener tanta historia.





El diseño de este proyecto estuvo a cargo de los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez, Rafael Mijares y Jorge Campuzano, para el cual tenían pensado alejarse de lo europeo no por malo sino porque estaba tan cargado de elementos visualmente hablando que terminaban por agobiar al visitante. Así que ellos optaron por un edificio sobrio en cuanto a detalles, pero con mucho ritmo para ayudar al recorrido.

Este museo era una promesa que se había estado posponiendo desde 1910, y no fue sino hasta 1963 que se pudo colocar la primera piedra pues ya no solo era un lujo sino una necesidad por las colecciones de historia que se estaban acumulando en otros recintos. Y aunque su construcción no fue sencilla, esta culminó diecinueve meses más tarde.

Uno de los elementos que es difícil de ignorar es el enorme techo que cubre el patio central pues semeja un paraguas por el que permea el agua en el centro, alrededor de su enorme pilar. En total tiene trece salas dedicadas a las culturas indígenas autóctonas de nuestro país.

Hoy se sigue ostentando como uno de los grandes lugares para la historia; muchas de las piezas que se encuentran cuando se hacen excavaciones terminan aquí, y sólo reviven cada que se les visita. Pero hay que tomar la advertencia o el aviso de que es imposible ver con detenimiento todas las salas en un solo día.

Pero que esto sirva como pretexto para ver la historia y ser parte de ella.


Abraham Cababie Daniel.
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El Toronto–Dominion Centre como un símbolo de crecimiento

Hace unos días, mientras caminaba por las calles de Toronto, Ontario, en Canadá, un edificio en particular captó mi atención. Se trata del Toronto–Dominion Centre y no me atrajo precisamente porque tuviese la vista vuelta hacia arriba, sino porque caminando por su jardín me encontré con unas estatuas de vacas, como si estuviesen echadas. Un elemento de esa clase es difícil pasar por alto así que no tuve más remedio que acercarme, primero a las simpáticas estatuas y luego al edificio.

Casi inmediatamente me di cuenta de que este no era un solo edificio sino un complejo dentro del cual puedes encontrar el Toronto–Dominion, según pude ver en el directorio. Uno de los primeros elementos que me gustaría resaltar es la elegancia de su fachada pues en una ciudad en la que muchos edificios conservan el acero del que está construido en color plata, pues el negro siempre viene bien a la perspectiva de la ciudad.

El proyecto fu idea de Allen Lambert quien era presidente del banco antes mencionado, y también se tomó la libertad de postular al equipo que traería a la vida la obra que tenía en mente. Los arquitectos fueron John B. Parkin and Associates y Bregman + Hamann, quienes construyeron el primero de los edificios en 1967, pero no fue sino hasta 1991 que se pudieron completar los seis edificios restantes.

Uno de sus edificios, el quinto en construirse se ostenta hoy en día como uno de los cinco más altos de Canadá con un total de 223 metros de altura. Como buena ciudad cosmopolita que es Ontario, estos edificios se han modificado para hacerlos ambientalmente sustentables con paneles solares y el reemplazo de sus focos con luces LED.

Sin embargo, nadie me supo decir a ciencia cierta a qué venían las esculturas de vacas en uno de los jardines, pero es un toque pintoresco. Que ni qué.




Abraham Cababie Daniel.
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La convergencia en la Casa Rosada

Frente a la Plaza de Mayo, erguida e imponente se encuentra la Casa Rosada, edificio que funciona como Palacio de Gobierno de la República Argentina, pero no siempre fue así. Si bien, tal y como lo conocemos culminó su construcción en 1878, su origen se remonta a 1580, fue justo después de la fundación de la ciudad cuando se levantó la Real Fortaleza de Don Juan Baltazar de Austria.

El terreno era muy diferente al que podemos ver hoy en día, en aquellos días se empezó con la excavación de una zanja a la que quince años más tarde se le levantarían muros para dar la apariencia de un castillo. Pero a mediados del siglo XVIII se le empezó a dar forma con la construcción de muros y cuartos, pero no cumplieron el siglo de vida, pues fueron demolidos, no sin antes haber sido la casa de los gobernantes del territorio.




El grandioso edificio frente al cual hoy estoy parado, se empezó a construir en 1873 porque previamente, en la esquina de esa misma calle, se había construido la Casa de Correos, en ese entonces, según me dijeron, ya se había construido la Casa de Gobierno, pero el edificio de correos les había quedado más bonito y eso no podía ser.

Así que se le encargó al arquitecto Francisco Tamburini que uniera ambas obras. Y así lo hizo, pero no fue tarea fácil pues ambos edificios por sí solos eran bastante grandes. Hoy la casa ocupa toda la cuadra. Pero bien valió la pena pues entonces se le hicieron molduras y apliques  de estilo romántico y se le hizo una fachada que está intacta.

Dentro, se juntan estilos italianos y franceses los cuales convergen en nueve salones, dos galerías y tres patios. Hoy nos queda como herencia un edificio que, como tantos otros el Latinoamérica, ha visto grandes victorias y un par de desgracias. Pero no deja de tener porte elegante y dignidad.


Abraham Cababie Daniel.
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Abraham Cababie Daniel

"La alegría simple de tomar una idea en tus propias manos y darle la forma apropiada es emocionante”, es una de frase de George Nelson que me fascina, porque es exactamente lo que ocurre en mi labor como desarrollador.

La arquitectura va más allá de una simple disciplina que además de diseñar, proyecta y construye alguna edificación, es todo un arte de visualizar un espacio vital, y digo vital porque es realmente necesario construir para nosotros un presente, pero más importante, un futuro para los nuestros.

Los grandes edificios y departamentos se construyen y se habitan. Las grandes plazas y centros comerciales se planean, se levantan y se disfrutan. Las obras arquitectónicas se aprecian, se discuten, pero nada de lo que planeamos y construimos se olvida.


Abraham Cababie Daniel

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